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martes, 10 de diciembre de 2013

La Diabetes. Nuestra calidad de vida por los suelos

La Diabetes es una enfermedad metabólica que se caracteriza por una disminución en la utilización de la Glucosa contenida en los alimentos y por tanto en un incremento de sus niveles en sangre dando lugar a un cuadro de Hiperglucemia que puede desencadenar en múltiples dolencias orgánicas, tales como fallo renal, cataratas, accidentes cardio y cerebro vasculares, etc. Aunque con los medios que la medicina cuenta en la actualidad es difícil que pueda originarse la muerte, si debemos tener en cuenta que la calidad de vida del diabético es bastante deficiente ya que le genera grandes dependencias de tipo nutricional, médicas y farmacológicas.

La Diabetes es un proceso que está ligado íntimamente al funcionamiento de una hormona, la Insulina. La Insulina es una proteína que es producida por las células Beta de los Islotes de Langerhans en nuestro páncreas. Esta proteína se une a las moléculas de Glucosa poniéndola a disposición de nuestras células para que sea utilizada en la producción de la energía necesaria para la correcta realización de las funciones orgánicas. Es por tanto una sustancia transportadora de la glucosa.

La Glucosa es un azúcar obtenido a partir de los Hidratos de Carbono de nuestra dieta. Se absorbe en el intestino y pasa a la sangre. En ayunas, sus valores oscilan entre los 70-110 mg/ dl de sangre, pudiendo incrementarse enormemente después de una comida. Cuando hacemos un ayuno prolongado, la Glucosa se obtiene a partir de los depósitos de Glucógeno existentes en nuestro Hígado y en los músculos.

Un incremento de los niveles de Glucosa en nuestra sangre, es decir, una Hiperglucemia, estimula a nuestro Páncreas para la liberación de la Insulina que se encarga de llevar esta Glucosa a los diferentes órganos y tejidos corporales. ¿ Que pasa cuando nuestro organismo no utiliza toda la Glucosa que ha sido absorbida para la producción de energía ?. Nuestro cuerpo es un sistema ahorrativo, es decir, tiende a almacenar este excedente de energía no consumido por si fuera necesario utilizarlo en otro momento. Y lo hace formando grasas que se acumulan en el tejido subcutáneo, vísceras y músculos. Cuando esta situación se repite de una manera reiterada y no se acompaña de un incremento del gasto Energético nos encontramos con la aparición de cuadros de Sobrepeso y Obesidad.

Desde un punto de vista de su origen podemos distinguir dos grandes grupos de Diabetes. Por un lado está la Diabetes Tipo I originada por una falta de producción de Insulina por parte del Páncreas. Las causas de este tipo de Diabetes no están del todo claras. Puede deberse a alteraciones de tipo auto inmune que cursan con la destrucción de los Islotes de Langerhans. También está asociada a factores de tipo genético y hereditarios. La consecuencia de esto es una falta de producción de Insulina y un cuadro de Hiperglucemia asociado.

Desde un punto de vista nutricional nuestro interés está centrado en la Diabetes tipo II llamada también Diabetes Mellitus. Este tipo de Diabetes no se presenta de golpe, se va desarrollando lentamente en el tiempo y se debe a una resistencia que se crea al uso de la Insulina por parte de las células de nuestro cuerpo. Nos volvemos insulino resistentes y por tanto la Glucosa se acumula en la sangre dando lugar a la Hiperglucemia Diabética. La principal causa de esto es el exceso de grasa que se almacena en nuestro organismo.

La Diabetes es por tanto, un proceso ligado claramente a la Obesidad. Hasta hace unos años era un proceso asociado a personas de mediana edad, con marcado sobrepeso, un estilo de vida sedentario y con picos de estrés ocasional. Lo dramático de este proceso es que cada vez afecta a mayor cantidad de personas y que la edad de desarrollo de la enfermedad ha bajado substancialmente, produciéndose cada vez más en niños y jóvenes.

En un principio este proceso no presenta una sintomatología clara, pasando bastante desapercibida. Su detección muchas veces se hace mediante análisis de sangre rutinarios en los cuales los niveles de Glucosa en ayunas están por encima de los 125 mg/dl. Cuando el cuadro diabético ya está instalado si podemos observar un incremento en el apetito y la sed, hormigueos frecuentes en manos y pies, visión borrosa, infecciones frecuentes en la piel y vejiga de la orina, una mayor dificultad en la cicatrización de las heridas, mayor sensación de cansancio de lo habitual, micciones más frecuentes y abundantes, etc

Desde un punto de vista nutricional, la Diabetes es un proceso que responde muy bien cuando modificamos nuestra alimentación y estilo de vida. Una alimentación adecuada contribuye de manera decisiva a la prevención de este proceso y, desde luego, es imprescindible en las personas que padecen la enfermedad. A continuación os propongo un par de recomendaciones dietéticas que pueden ayudar a su prevención.

Lo primero que debemos tener muy claro es que en la mayoría de los casos, la lucha contra la Diabetes es una lucha contra la Obesidad. Conviene recordar que la insulino dependencia es un proceso que se enmarca en individuos con un exceso de grasa corporal.

Como primera recomendación indicar una drástica reducción en el consumo de alimentos de alto Índice Glucemico ( el pasado mes de Septiembre publique en este blog un artículo relacionado con este tema ). Reduciremos el consumo de azucares refinados, miel, bollería industrial, pasta, bebidas carbonatadas, etc, que cambiaremos por otros cuya velocidad de absorción y formación de Glucosa sea más lento, como los alimentos ricos en fibra soluble e insoluble, que además favorecen el tránsito intestinal. Así debemos incrementar el consumo de verduras de todo tipo que además son ricas en vitaminas y minerales

En este sentido es importante una reducción del aporte calórico proporcionado por los Hidratos de Carbono de nuestra dieta y un incremento en el consumo de alimentos más ricos en proteína, como las carnes, pescados o huevo. Por otro lado, a menos que seas diabético diagnosticado, no debes prescindir de la fruta ya que nos va a aportar las vitaminas y minerales que nuestras células necesitan para realizar sus funciones. Ahora bien, dentro de las frutas debemos tener en cuenta que las hay con menor contenido en azucares como los frutos rojos ( fresa, frambuesa, arándano, cereza ) y los cítricos ( naranja, mandarina, pomelo ) y las de mayor contenido en azucares como el plátano, mango, papaya, etc.

La segunda recomendación consiste en incrementar el gasto calórico general. Es muy importante evitar a toda costa el sedentarismo e incorporar a nuestra rutina diaria el ejercicio moderado. Practicar deporte a diario es un seguro de vida, no solo en el caso de la diabetes sino también en otro gran grupo de patologías sobre todo de tipo cardiovascular y degenerativas. No se trata de machacarnos. Basta con 30 minutos diarios de ejercicio suave, aeróbico que nos permita incrementar nuestra masa muscular y poner a nuestro cuerpo en la configuración necesaria para quemar mejor la grasa acumulada.

Debemos salir con una idea clara. Es preferible que nuestro organismo obtenga la energía a partir de nuestras reservas de grasa que no a partir de un exceso de calorías aportadas con la dieta. Siguiendo estas dos sencillas recomendaciones reduciremos drásticamente la aparición de la Diabetes y las molestas consecuencias que tiene para nuestra calidad de vida.

Fdo: Luis González Martín

lunes, 25 de noviembre de 2013

Los Acidos Grasos de Cadena Media. Aliados de nuestra salud

Los ácidos grasos de cadena media (AGCM) son compuestos de origen lipídico que contienes de 6 a 12 átomos de carbono. Su principal característica, y lo que los hace tan particulares, es que se metabolizan  de manera distinta a los ácidos grasos de cadena larga. Ello les da una gran importancia desde un punto de vista nutricional y para la obtención de la energía corporal.
 
Los AGCM más importantes son el Ácido Caprico, Ácido Caproico y Ácido Laurico que se encuentran en la leche de cabra, aceite de coco y aceite de palma. Estos compuestos tienen una característica común, son bastante más hidrosolubles que los ácidos grasos de cadena larga, por lo que su absorción a través de la membrana intestinal es mucho más rápida.

Las grasas son absorbidas en el Intestino Delgado. Para que esto se produzca es necesario que previamente sean parcialmente metabolizadas ya que de lo contrario, debido a su gran tamaño, no podrían ser absorbidas por la mucosa intestinal. De esta metabolización se ocupa la Lipasa Pancreática que es una enzima que ataca a las grasas descomponiéndolas en Triglicéridos y Ácidos Grasos. Para que esto ocurra es necesario que las grasas sean previamente emulsionadas de lo cual se encargan las sales biliares segregadas por el hígado. Este proceso es el más lento de toda la digestión y es lo que nos da esa sensación de digestión pesada cuando ingerimos muchas grasas.
 
Una vez descompuestas las grasas en Ácidos Grasos, son absorbidos por las células intestinales. En el interior de estas células vuelven a formarse los Triglicéridos que van a pasar al Sistema Linfático en forma de unos glóbulos llamados Quilomicrones que contienen también proteínas transportadoras. De aquí pasan a la sangre donde se distribuyen por los diferentes tejidos.

En el caso de los AGCM el proceso de absorción y por tanto de utilización es mucho más rápido. La mayoría de ellos son metabolizados en la boca y en el estómago, por lo que cuando llegan al intestino son ya tan pequeños que se absorben casi de inmediato. No pasan al sistema linfático sino que lo hacen directamente a la sangre por lo que su disposición por parte de los tejidos es muy rápida. A esto hay que unir el hecho de que estos compuestos, una vez que llegan a las células que necesitan energía, se utilizan de inmediato, mientras que los ácidos grasos de cadena larga, como el oleico, linoleico o esteárico, deben ser transformados previamente a su uso.

Otra característica de estos compuestos es que no se acumulan en el tejido adiposo blanco, que es el responsable de los depósitos de grasa que se generan en los cuadros de obesidad. Por contra se acumulan en el tejido adiposo marrón que se caracteriza por tener una grasa de mayor carácter termogénico y por tanto de mayor movilidad a la hora de quemarse para producir energía.

BENEFICIOS DEL CONSUMO DE AGCM

El aporte a nuestra dieta de estos ácidos grasos tiene bastantes efectos beneficiosos que debemos tener en cuenta a la hora de buscar una alimentación más sana y equilibrada.

En primer lugar, en los niños prematuros, o cuando las madres tienen problemas para desarrollar una lactación natural, se ha demostrado que la incorporación de estos compuestos a las leches maternizadas se evita la oxidación de los ácidos grasos insaturados, muy necesarios en esta época de la vida para favorecer la función visual y para el desarrollo del cerebro y de nuestro sistema nervioso.

Los ácidos grasos de cadena media favorecen la absorción del calcio. La concentración de calcio en sangre, indispensable para la formación y sostenimiento del esqueleto, así como para que se produzca la actividad muscular se ve incrementada en individuos que incorporan a su dieta AGCM procedentes por ejemplo de la leche de cabra, respecto a aquellos que consumen leche de vaca. Esto se debe a que este tipo de ácidos grasos forman con el calcio unas micelas de muy pequeño tamaño que son de mejor absorción en nuestro intestino.

Debido a su mecanismo de absorción, estos nutrientes no entran a formar parte de los quilomicrones que transportan a los Triglicéridos y grasas complejas como el colesterol por el sistema linfático. El consumo de soja y leche de cabra ha demostrado un importante descenso en la formación de Lipoproteínas de baja densidad ( LDL ) que son las responsables del depósito del colesterol en la pared de los vasos sanguíneos. Su incorporación a la dieta en sustitución de las grasas saturadas tiene un indudable efecto cardiosaludable.
 
Por último, estos nutrientes tienen un gran efecto termogénico, siendo muy utilizados por nutrólogos y dietistas en los programas de control de peso. Su mecanismo de actuación a este nivel es doble. por un lado influyen en el metabolismo de la glucosa. Su presencia en sangre induce una menor descarga de insulina, que es la hormona responsable de la metabolización de la glucosa para la producción de energía, que si no utilizamos se transforma en grasa que se acumula en el tejido adiposo subcutáneo y visceral. Pero por otro lado, estos compuestos actúan favoreciendo la movilización de los depósitos grasos ya existentes y por tanto incrementado la producción de energía a partir de las grasas acumuladas que se desprende en forma de calor.

Por todo lo que he comentado anteriormente, es muy recomendable la incorporación a nuestra dieta de estos nutrientes en sustitución de parte de las grasas saturadas que consumimos habitualmete. En el caso de los AGCM es algo más complicado que con otros nutrientes ya que no son muy abundantes en los distintos tipos de alimentos. Los podemos encontrar en la leche de cabra, aceite de coco, aceite de palma y en la soja entre otros.

En este caso lo que recomiendo es consumirlos por medio de suplementos alimenticios ya formulados y que suelen existir en herbolarios y parafarmacias al estilo de lo que se hace para la incorporación de ácidos Omega-3 y Omega-6. Su incorporación nos va a ayudar a controlar nuestro peso, a mejorar nuestro balance energético y además a proteger a nuestro sistema cardiovascular

Fdo: Luis González Martín



 

martes, 19 de noviembre de 2013

La Hipertensión Arterial. Una muerte silenciosa

Nuestro corazón bombea la sangre necesaria para la oxigenación y nutrición de los distintos órganos y tejidos, así como para regular nuestra temperatura corporal. La sangre es distribuida por un extenso sistema artero venoso regulado por el Sistema Nervioso Autónomo de una manera bastante compleja. A la cantidad de sangre que nuestro corazón bombea en un minuto se le denomina Gasto Cardiaco. En condiciones normales el Gasto Cardiaco suele ser de unos 5 litros en hombres y 4,5 litros en mujeres.
Nuestro Sistema Circulatorio está formado básicamente por dos tipos de vasos. Las arterias que se ocupan del transporte de la sangre oxigenada que tienen una potente musculatura lisa por lo que su capacidad de distensión es muy limitada. Por el contrario, la venas, que se encargan de transportar la sangre desoxigenada de vuelta al corazón y a los pulmones, tienen una gran capacidad de distensión actuando como auténticos reservorios de sangre.
 
El Sistema Circulatorio, al ser un sistema tubular, va a oponer una resistencia al paso de la sangre, resistencia que debe ser vencida para que la sangre circule. Para ello debe salir del corazón con una presión determinada. Desde un punto de vista fisiológico la resistencia al paso de la sangre depende de la longitud del circuito, de su diámetro y de la viscosidad de la sangre. En un individuo normal, la presión de salida del corazón como consecuencia de la contracción de los ventrículos o Presión Sistólica es de 120 mm de Hg. Con la finalidad de evitar un retroceso de la sangre, se debe mantener una cierta presión cuando los ventrículos se relajan. Esta presión o Presión Diastólica es de 80 mm de Hg. Por tanto, nuestra Tensión oscila, en condiciones normales entre 120 y 80 mm de Hg. A medida que avanza por nuestras arterias, se va perdiendo presión hasta llegar a ser practicamente 0 mm de Hg en la zona de intercambio capilar.
 
La Presión Arterial está regulada de una manera compleja por el Sistema Nervioso Autónomo en conjunción con nuestro Sistema Endocrino mediante la conjunción de estímulos nerviosos que desencadenan la liberación de ciertas sustancias ( cortisol, adrenalina, noradrenalina, aldosterona, etc ) que actúan sobre la musculatura lisa de los vasos sanguíneos provocando su contracción o su relajación.
Cuando la Presión Arterial supera los 140/90 mm de Hg comenzamos a hablar de Hipertensión Arterial (HTA). En el 80% de los casos la HTA tiene un origen genético o desconocido. Se trata de una HTA Primaria. Pero en el 20% restante se produce de manera secundaria a otros procesos como alteraciones renales, Hiperparatiroidismo, Adenoma Hipofisario, etc dando lugar a la HTA secundaria. Uno de estos problemas que cada vez está tomando más importancia en el mundo desarrollado es la HTA ligada a la Obesidad, siendo esta la más interesante desde un punto de vista nutricional.

El perfil del Accidente Cardiovascular es el de un individuo obeso, con Hipertensión Arterial, fumador, con un estilo de vida sedentario y sometido a un proceso de estrés continuo o con episodios frecuentes
 
Una dieta rica en carbohidratos de fácil asimilación da lugar a un incremento instantáneo del nivel de Glucosa en la sangre estimulando al Páncreas a la liberación de Insulina. Como este consumo no se acompaña de incremento en el gasto calórico el excedente de energía se utiliza en la formación de Triglicéridos que se acumulan en vísceras, tejido subcutáneo y músculos. Cuando esta situación se mantiene en el tiempo nos volvemos Insulino resistentes, es decir, aunque exista glucosa en sangre, nuestro organismo no la metaboliza y se desvía su utilización a la generación de más grasa. Este fenómeno se conoce como Diabetes Tipo II y se asocia a procesos de Obesidad. Este proceso se ve agravado en personas que llevan una vida sedentaria ya que no existe un incremento del gasto calórico asociado al incremento en el consumo de calorías.
 

El aumento de los Triglicéridos en sangre hace que se unan a las proteínas plasmáticas  dando lugar a Lipoproteínas. De estas, las de baja densidad ( LDL) se van a depositar en las paredes de los vasos sanguíneos infiltrándose en la capa muscular y dando lugar a dos efectos a cual más peligroso. Por un lado hace que las arterias pierdan elasticidad, volviéndose más rígidas y aumentando la resistencia al paso de la sangre. Por otro lado, esta placa ateromatosa crece hacia la luz del vaso sanguíneo, depositandose sobre ella sales minerales y células y fibrosandose dando lugar a una oclusión vascular. Cuando este proceso se produce en las arterias coronarias, la consecuencia puede ser el Infarto de Miocardio. Esta placa ateromatosa o parte de ella puede fragmentarse liberándose a la sangre y quedando atrapada en vasos de menor calibre en forma de Trombos ocasionando embolias e infartos en diferentes órganos, como el cerebro.
 
Otro factor que incrementa la presión arterial es el consumo de tabaco. La nicotina del tabaco se une a los receptores adrenérgicos situados en las sinapsis neuronales dando lugar a la liberación de catecolaminas que tienen un marcado carácter hipertensivo produciendo vasoconstricción intensa.
 
Un último aliado de la HTA es el estres. Ya vimos en un artículo anterior como un estres prolongado o episodios frecuentes de estres, estimulan la liberación de Cortisol que tiene dos efectos de gran incidencia. Por un lado estimula la metabolización de la Glucosa desviando su metabolismo hacia la formación de Triglicéridos y por otro incide en la liberación de Adrenalina con potente acción vasoconstrictora.
Placa Ateromatosa en la pared de una arteria
La HTA es un factor desencadenarte del Accidente Cardiovascular que afecta a una elevada cantidad de personas cada año. Este problema se reduciría drásticamente si fuéramos capaces de seguir unas pautas alimentarias y de estilo de vida algo más adecuadas. Nosotros proponemos un decálogo nutricional para la prevención de esta lacra.
 
  1. Reduce el consumo de azucares de elevado índice glucémico ( bollería industrial, harinas refinadas, etc ) y cámbialas por carbohidratos de lenta asimilación incrementando el consumo de fibra. Incorpora a tu dieta cereales, salvado, fruta y verdura.
  2. Reduce el consumo de grasas saturadas de origen animal ( quesos, embutidos ) e incrementa el consumo de aceites vegetales insaturados y acidos grasos Omega-3 y Omega-6. Cambia la leche entera por leche semidesnatada o desnatada. Incorpora a la dieta pescado azul. Utiliza el aceíte de oliva virgen para tus ensaladas y descubre los frutos secos crudos como almendra, nuéz y avellana.
  3. Cambia las frituras. La patata, alimento buenísimo, hazla cocida o al horno. Evitarás el consumo de radicales libres formados durante la fritura del aceíte.
  4. Reduce drasticamente el consumo de sal. No se trata de eliminarla de raiz. Investiga el sabor de condimentos como ajo, orégano, perejil, tomillo, etc. Recuerda que muchos alimentos ya contienen la cantidad diaria de sal recomendada. No eches más leña al fuego.
  5. Consume más de 2 litros de agua diarios. Con ello mejorarás la función digestiva y renal eliminando sustancias de desecho perjudiciales para nuestro organismo y el exceso de Sodio.
  6. Reduce al máximo el consumo de alimentos excitantes tales como la cafeína, el chocolate y otros compuestos similares que tienen efecto vasoconstrictor.
  7. Evita en lo posible generarte situaciones de estrés gratuitas aprendiendo a manejar las situaciones conflictivas y a usar técnicas de relajación. No te lo lleves puesto.
  8. Incorpora a tu rutina diária al menos 30 minutos de paseo rápido. Solo, con tu famila, con los amigos, con tu perro. Ayuda a incrementar tu gasto calórico de manera suave y aeróbica. Esto lo agradece tu corazón.
  9. Modera el consumo de bebidas alcoholicas de alta gradación. Con ellas estás incorporando un exceso de calorías y propiciando el efecto rebote que origina la vasodilatación que genera el alcohol.
  10. He dejado para el final no se si el más importante de todos, pero desde luego sí uno de los más dañinos para nuestra salud. El consumo de tabaco. Consciente de la dificultad que supone dejar de fumar solo te dejo una reflexión. El mejor regalo que puedes hacerte nunca es abandonar el hábito tabaquico. Ahorrarás dinero y ganarás salud.


Como conclusión decir que la HTA es un proceso oculto. No da la cara. No tiene una sintomatología clara a menos que esté muy alterada. Recomiendo que al menos una vez al mes te des un paseíto por la farmacia y te tomes la tensión. Si ves que en un par o tres de veces que te la tomes la tienes por encima de 140/90 mm de Hg acude al médico. Tener controlada la tensión Arterial es un seguro de vida
 
 
 
 
 
Fdo: Luis González Martín